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El Nacional, Caracas, 21 de mayo de 2005

Internacional y Diplomacia

“LA PRENSA NO DEBE SUSTITUIR A LA OPOSICIÓN POLÍTICA”


La extensa investigación de John Dinges, quien actualmente imparte la cátedra de periodismo de investigación de la Universidad de Columbia, ha sido utilizada como guía para muchos de los juicios que se realizaron y se realizan internacionalmente sobre los crímenes de Cóndor. De su trabajo, el reconocido periodista asegura que guarda la satisfacción de haber servido como un elemento fiscalizador del poder, lo que supone una de las labores más destacadas de la prensa. No obstante, Dinges no confunde esa tarea con la que asumen algunos medios de comunicación al adoptar el rol de oposición política. Conocedor del caso venezolano, el periodista asegura que la prensa no debe sustituir el papel que le corresponde a la oposición.

“Filosóficamente no se puede sostener esa postura. Esto contradice lo que debe ser el papel de los medios de comunicación en democracia.

Que la prensa asuma el rol de la oposición política es tan perverso como una prensa controlada por el Gobierno”, concluye.

Internacional y Diplomacia

Cóndor también acechó en Venezuela

El 27 de agosto de 1975, Manuel Contreras, jefe de la DINA chilena, aterrizó en Caracas para solicitar el ingreso de los organismos de inteligencia venezolanos a la operación que más tarde sería bautizada Cóndor. Contreras quería iniciar en Venezuela el plan que costó la vida a miles de exiliados chilenos en Suramérica. El premiado periodista de investigación John Dinges compila y comenta los detalles de una operación internacional que asesinó a una gran cantidad de opositores de las dictaduras militares

David Placer


El 25 de agosto de 1975, Vermon Walters, número dos de la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, ofreció un almuerzo a un invitado poco habitual.

Manuel Contreras, mano derecha del dictador chileno Augusto Pinochet, y jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia de Chile (DINA) llevaba una propuesta concreta a Washington: solicitar apoyo para un plan internacional que combatiera a los enemigos que el régimen de Pinochet consideraba terroristas.

Fuera de Chile, la oposición parecía organizarse y los altos dirigentes que podían conspirar contra la dictadura militar se encontraban exiliados en otros países de América del Sur, Europa y Estados Unidos.

Pinochet había acordado con Contreras perseguirlos hasta donde hiciera falta, para lo cual intentaría seducir a varios gobiernos del continente para que colaboraran con este plan.

Al escuchar los planes de Contreras, Walters lanzó una sugerencia: "Habla con Venezuela. Nosotros trabajamos muy bien con ellos". La propuesta hizo que Contreras viajara tan sólo dos días después, el 27 de agosto, a Caracas para presentar sus planes a Rafael Rivas Vásquez, director de la Disip, con quien inició una ronda de contactos para convencerlo de su ingreso a la operación que luego sería bautizada Cóndor.

Como éstos, los pormenores de los contactos internacionales y la red terrorista que tejió Cóndor en el continente han sido materia de investigación para el periodista John Dinges, galardonado con los premios Maria Moors Cabot en 1992 y el DuPont Columbia University Prize en 1993. Dinges, quien fue corresponsal en Chile para la revista Time, ABC Radio y The Washington Post durante la década de los setenta, resume años de trabajo en su libro Operación Cóndor, una década de terrorismo internacional en el Cono Sur.

Allí se expone el entrelazado oculto de una red asesina que apenas hoy, 30 años después de sus inicios, comienza a desvelarse.

Para su investigación, Dinges realizó más de 200 entrevistas a quienes tuvieron relación directa con esta operación. También trabajó con 2.000 páginas de documentos hasta ahora clasificados que pudo obtener apelando a la Ley de Libertad de Información, FOIA, vigente en Estados Unidos.

Muchos capítulos hasta ahora desconocidos en la Operación Cóndor son abordados en la investigación de Dinges. Uno de los más novedosos supone el interés de Contreras por iniciar su red terrorista en Venezuela, puesto que una gran cantidad de importantes exiliados chilenos residían en el país.

En una entrevista que Dinges sostuvo con Contreras, el ex jefe de la DINA aseguró que la CIA le recomendó trabajar directamente con la inteligencia venezolana. Los servicios de inteligencia de las contaban -al menos- con un funcionario estadounidense a tiempo completo, tal como confesó el propio Carlos Andrés Pérez a Dinges.

El periodista asegura que los servicios de inteligencia venezolanos, comandado por agentes entrenados por la CIA, muchos de ellos cubanos, prácticamente se habían convertido en una filial de la Agencia estadounidense.

Luego de su visita con Walters, Contreras fue recibido en Caracas por Rafael Rivas Vásquez, director de la Disip, quien lo invitó a cenar con el comisario general del organismo, Orlando García. Contreras venía dispuesto a convencer a los jefes de la Disip a que entregaran información sobre todos los exiliados chilenos que vivían en el país.

A cambio, el régimen militar presentó información de inteligencia sobre la JCR, un movimiento revolucionario con pretensiones continentales, que tenía sede en Buenos Aires.

Contreras sabía bien con quién estaba negociando: tanto Rivas de origen cubano y claros opositores al comunismo que se instauró en la isla y que supuestamente amenazaba con extenderse por el continente.

En esa cena, Contreras presentó a los directores de la Disip un argumento de peso: la JCR pensaba mudar su sede de Buenos Aires a Caracas, según se pudo conocer en los interrogatorios que realizó la DINA a Jorge Fuentes y Amílcar Santucho, dos importantes dirigentes de la JCR apresados y torturados en Argentina.

García testificaría el 29 de junio de 1978 ante el Gran Jurado del Tribunal del Distrito de Columbia, en Estados Unidos, que Chile solicitó al Gobierno venezolano entregar a los exiliados perseguidos por la dictadura militar. El régimen de Pinochet se haría cargo de todos los gastos.

Los funcionarios de la Disip estaban conscientes de la cantidad de vidas que corrían peligro si Venezuela aceptaba el ofrecimiento, comentó García.

Según consta en la investigación de Dinges, el fallecido Rivas Vásquez confirmó ante el mismo jurado que Contreras explicó a los servicios de inteligencia venezolanos sus planes inminentes de expansión a otros países. La DINA estaba entrenando a agentes que colocaría en las embajadas de Chile, donde servirían de conexión entre los servicios de inteligencia de cada país y los chilenos.

Contreras entregó a la Disip un conjunto de códigos y claves para las comunicaciones por telex de la DINA. Ofreció modernos equipos de computación y se jactaba de contar con grandes recursos para sus operaciones, contó García. Al parecer, el hombre fuerte de Pinochet tenía la seguridad de que Venezuela ingresaría en la Operación Cóndor o, al menos, una firme aspiración. No por casualidad, el ex jefe de la DINA invitó a Rivas Vásquez y a García a una reunión en Santiago para presentar oficialmente los detalles de Cóndor. Los gastos serían asumidos por el Gobierno chileno.

El propio Contreras confirmó su entrevista con la Disip y explicó que la visita a Caracas formaba parte del plan de venta de su operación a otros servicios de inteligencia.

No obstante, según Dinges, el ex presidente Carlos Andrés Pérez vetó cualquier participación venezolana en este plan. De acuerdo con los testimonios y documentos obtenidos por el periodista, fue Pérez quien frenó de inmediato las propuestas que habían sido escuchadas con atención por algunos sectores de los organismos de inteligencia venezolanos que temían que la JCR se instalara en Caracas.




Asesinato frustrado
En 1976, la Operación Cóndor había comenzado a operar con una importante red de terroristas italianos y cubanos anticastristas que ayudaría a extender sus redes en Estados Unidos y Europa. Para ese entonces, como consta en la investigación de Dinges, Contreras ya había trasladado su atención fuera de las fronteras de Chile, puesto que la oposición se encontraba casi en su totalidad en el extranjero.

El departamento de Exterior de Chile reclutó a un nuevo agente cubano, Rolando Otero, quien había llegado a Santiago huyendo del FBI por haber colocado una bomba en Miami. La DINA entregó en Chile un encargo al prófugo:
asesinar a Andrés Pascal, sobrino del ex presidente chileno Salvador Allende y alto dirigente del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionario de Chile, quien para ese momento estaba refugiado en Costa Rica. Otero viajaría a San José y recibiría refuerzos de otros cubanos que vendrían de Miami para ejecutar el asesinato.

Sorprendentemente, una jugada de los servicios de inteligencia venezolanos frustro el plan. Realmente Otero era un doble agente:
trabajaba para la DINA, pero también para la Disip. Por ello, el espía cubano no voló a San José, sino a Caracas, e informó a la Disip acerca de los planes de la DINA para asesinar a Pascal. El ex presidente Pérez alertó a su homólogo costarricense Daniel Oduber Quirós, quien ordenó la protección de Pascal y su compañera Mary Anne Beausire. Los cubanos provenientes de Miami fueron detenidos a su llegada a Costa Rica.

Otero también había entregado a la Disip una gran cantidad de información de inteligencia sobre las operaciones chilenas. Destacaba una nota que advertía las intenciones de la DINA de establecer una base en Florida, coordinada por exiliados cubanos, para perseguir a los opositores al régimen de Pinochet que vivían en Estados Unidos.

Luego del fracaso del asesinato de Pascal, la inteligencia venezolana advirtió a Otero que no regresara a Chile, pero el agente desobedeció las recomendaciones.

Los mismos dirigentes chilenos que viajaron con Contreras a Caracas para buscar sociedad con la inteligencia venezolana, ordenaron la captura de Otero, quien fue apresado y torturado.

Semanas después, el FBI ordenó el traslado de Otero a Estados Unidos y sus declaraciones condujeron a la captura de Michael Townley, quien asesinó al ex embajador chileno en Estados Unidos Orlando Letelier.




La multinacional del terror
El repaso por las historias entrelazadas por el terror internacional de Cóndor llevó a Dinges a dedicar seis años a una exhaustiva investigación.

Sobre la que es quizás la más conocida operación asesina del continente, el periodista destaca especialmente sus hallazgos en los procedimientos sistemáticos utilizados en todos los casos. "El gobierno militar de Pinochet se percató de que las cooperaciones con los organismos de inteligencia de otros países no eran efectivas. Se necesitaba crear una alianza internacional estrechamente coordinada, por lo cual Cóndor tomó vuelo.

Todos los asesinatos tenían un procedimiento muy preciso y sistemático", explica Dinges.

El propósito de investigar a fondo los tentáculos de Cóndor surgió de la cobertura periodística que Dinges realizó en Chile durante la década de los setenta. Fue el único periodista estadounidense acreditado en aquella época en el país. El asesinato de Orlando Letelier y el juicio del caso en junio de 1978 sirvieron como puerta de entrada a un exhaustivo trabajo periodístico que sellaría un importante capitulo de la historia de América Latina.

Dinges no tiene dudas sobre la responsabilidad directa de Pinochet en el caso y del apoyo logístico que el Gobierno de Estados Unidos ofreció a la inteligencia chilena durante los años de Cóndor. "La CIA permitió que la DINA utilizara enciframientos de mensajes bajo la estructura estadounidense. Esto sólo es posible cuando hay un claro intercambio de información. También quedó demostrado, luego de la desclasificación de algunos documentos durante el gobierno de Bill Clinton, que la CIA disponía de información para evitar el avance del plan", asegura Dinges.

No obstante, algunos sectores gubernamentales de Estados Unidos estaban ciertamente preocupados por el asunto de los derechos humanos en América del Sur, aunque no siempre actuaban en consecuencia con esta preocupación, arguye el periodista.

"Henry Kissinger ordenó a sus embajadores en los seis países de Cóndor que la inteligencia estadounidense conocía los planes para ejecutar asesinatos en Estados Unidos y Europa. Pidió a los embajadores advertir a los presidentes de esos países que si esos planes se llevaban a cabo, las relaciones con Estados Unidos quedarían seriamente afectadas. Pero por alguna extraña razón, el mensaje de Kissinger no llegó a Pinochet.

"Pude conocer que la embajada estadounidense recomendó que esa advertencia debía enviarse de la CIA a la DINA. Hubo una tardanza de seis semanas en el envío del comunicado. Este retraso permitió el asesinato de Letelier.

"Estoy seguro de que si Pinochet hubiese recibido a tiempo el mensaje de Washington, no hubiesen matado a Letelier", comenta Dinges.


“Al escuchar los planes de Manuel Contreras, Walters lanzó una sugerencia: 'Habla con Venezuela. Nosotros trabajamos muy bien con ellos'. La propuesta hizo que Contreras viajara tan sólo dos días después a Caracas para presentar sus planes a Rafael Rivas Vásquez, director de la Disip” --John Dinges

 

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